Y cuando el cruza por debajo del cielo, solo el tonto mira al cielo. Que se como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro y en formato gemido y en formato secreto. Que me se sus cicatrices y el sitio en que tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ria. Y me se lo de sus rodillas y la forma de rozar las cuerdas de la guitarra. Que yo también he memorizado su número de teléfono, pero también el número de sus escalones y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahoracarse por bulerias. Que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores. Y yo si que no tengo cojones a decirle que no a nada, porque tengo mas deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna.
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